Nervios urbanos
No hago pie
No hay camino fácil
Hoy sé que un tren podría atropellarme y los pasajeros seguirían leyendo el diario
Cállenlos a todos
No puedo escuchar ni una palabra más
No me interesa lo que decís
No te das cuenta de que no me interesa?
Ese sonido enfermo que es el lenguaje
Tu vómito narcisista
Cómo molesta
Te arrancaría la lengua con las uñas
Callate, callate ya
Dame paz, sol
Lluvia, lavame los ojos
Cámbienme el nombre, la cara, la manera de caminar
Quiero ser un robot o un muerto
Viernes a la noche
Lo que llamabas felicidad
era una coreografía de costumbres memorizadas.
No era ese su nombre,
sólo después la bautizaste “felicidad”.
Inútil el despecho, la bronca, las preguntas…
Lo que llamabas amor
era sexo disfrazado con caricias,
era el hábito de una conversación cómoda,
dos pares de ojos que ya sabían mirarse.
Lo que llamabas angustia
era el preludio de una muerte por asfixia,
un cielo de piedras negras aplastándote el cráneo.
Era un juego distraído, una pretensión adolescente.
Lo que llamabas fe
era un intento de callar el silencio,
de aplaudir la nada que sos.
Era una excusa para tu terror,
el amparo de una cobardía borracha.
En el mismo salto
con el que abraces la oscuridad
podés encontrar la luz que sólo ven los otros.
Ciego ante tu espejo sucio,
dibujate una sonrisa con el filo de la ventana.
Balbuceá una carcajada de loco o de imbécil,
atá tus manos a la gárgola de tu cuello,
corré descalzo sobre los clavos del prójimo
y escupí en la otra mejilla.
Lo que llamabas futuro
era un cuento mal contado,
era la promesa de tu verdugo,
era un delirio de tu ego impotente.
A partir de Alejandra
Siniestro delirio amar a una sombra
Escribieron
Siniestra tortura encadenar los párpados a una aparición fraudulenta
Siniestro flagelo esta carne quemada en tu desprecio
Siniestra risa la de tu narcisismo de hiena
Siniestro pánico de abrazar un cadáver
Siniestro amor adicto que se entrega a un extraño
Siniestro sometimiento a los caprichos de un loco
Siniestro puñal de hielo atravesado en la garganta
Siniestro suspiro de una enferma satisfacción pueril
Siniestra tragedia sin final ni principio
Siniestras palabras que no cubren esta ausencia.
Temblor
No sabés
y el tiempo pasa
Dudás
y los segundos
y los meses
te pasan por al lado
saludan por la ventana
Hablás
con un monigote sordo
un viejo sueño que te empeñás en soñar
Hablás solo
Qué tan lejos se puede llegar
Qué tan hondo
Qué tan negro
Cuánto silencio cabe en un par de ojos
Descuidaste tus palabras, tus futuros
Fuiste idiota
Y tus tristes arterias
te asfixian
o te pueden dar de beber
Hoy
Alarido desgajado de una intemperie crónica
Retumban tus palabras como ecos de un muerto
Encías cortadas con cuchillos sin filo
Dientes gastados de masticar arena
Abrazado a un árbol seco y vacío
Implorando a un dios borracho de dolor, arrepentido
No hay labios que besen tu cicatriz en otoño
Ni tormentas de rabia que arrastren el celo
Sólo un sexo de plástico, una mueca en pantalla
El rumor enloquecido de animales sin risa
Empapado en el barro disfrutás la tortura
de esperar al silencio, desnudo en el asfalto.
No yo
Ese cuerpo que no soy
Esa voz que no tengo
Esas palabras que no sé decir
Ese abrazo que no nace
Ese miedo a la piel
No soy yo, nadie soy yo
Qué poca poesía mis minutos,
mis horas, mis hábitos de cadáver
Qué imbécil insatisfacción la mía
Qué angustia de pecera, de montaña rusa sin prisa
Qué imbécil primera persona
Siempre mi yo mío
Chupándome la punta de los dedos del pie
Testigo forzoso del paso del tiempo,
tímida imitación de un ser vivo.
Entretiempo
Entre yo y yo
hay tanto ruido
truenan los teclados
balbucean los expertos
la silla grita de calor
se asfixia
un horizonte de cartón
para dormir tranquilo
tu conciencia limpia,
tus palabras cordiales,
siempre sonrientes
no levantes la voz
no te levantes por favor
Tristes trastos acumulados
la espalda doblada de recuerdos
y de imposiciones
y de sus deseos
y de tu impotencia
¿Dónde vas a comprar
el próximo pasaporte
al cementerio?
Injusticias
Las lágrimas de un chico con hambre
el pincel seco de un artista desilusionado
las alas quebradas de un gorrión
los suspiros de una viejita sola
una casa vacía por la muerte y el exilio
una cabeza agobiada apoyada en un puño cerrado
una primavera de nubes
una adolescente engañada por el espejo
tus labios lejos de los míos
este puto mundo que no para.
Para ella, allá
Temores
Temo mi propia mediocridad
mi palabrerío retenido
mi cabeza atiborrada de impotencias
mi cuerpo envejecido
mirar alrededor y querer ser todo lo que no soy
(es que no soy nadie)
Tan fácil decir: “Pero yo en realidad…”
y no demostrarlo.
A nadie necesito demostrar que estoy vivo.
Deciden ignorarlo
o creerlo sin pruebas.
Objeto de las circunstancias.
Pieza del sistema.
Animal sin deseo.
Muerto moroso.
Tanto miedo a todo
menos a tu beso.
¿Qué ves en mis ojos,
además de tu reflejo?
¿Por qué decís que soy único?
Te juro que no fue mi intención.
Dejame que te siga prometiendo que esto es provisorio. Algún día tendré 30 años y entonces me obligarás a confesar: cada vez que pensé que ya no sabía crecer, volví a aprenderlo en tu mirada irrefutable.