No sabés
y el tiempo pasa
Dudás
y los segundos
y los meses
te pasan por al lado
saludan por la ventana
Hablás
con un monigote sordo
un viejo sueño que te empeñás en soñar
Hablás solo
Qué tan lejos se puede llegar
Qué tan hondo
Qué tan negro
Cuánto silencio cabe en un par de ojos
Descuidaste tus palabras, tus futuros
Fuiste idiota
Y tus tristes arterias
te asfixian
o te pueden dar de beber
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Mareado por el vaivén de la duda, acostumbrado a mi pequeña rueda en la que corro en círculos. No me distraigas con palabras lindas, no apuestes ni un segundo por mí. A veces querría tener el coraje para dilapidar mi sangre en un segundo que justifique mi vida. Esta poca cosa que soy me aburre tanto…
Todo lastima. No sé cómo se ama un árbol, cómo se besa el aire, cómo dejarme abrazar por un poema. Empalagado de información, cómodo en mi pedestal de fósforos. Harto de hartar, de convencer, de hacer reír. Harto de esta máscara de carne a la que llaman por mi nombre.
Siempre aquel fantasma vuelve una y otra vez, para que me encierre en mi cuarto chiquitito y baje las persianas. Los años no callan las voces del secreto; suenan envejecidas como gritos de sordos. Sólo queda un muerto abortado por el miedo, ahogado en esas lágrimas que no sé llorar.
Cómo carajo se hace para estar vivo.
Cómo sigo, cómo abro la ventana.
Dónde está mi descanso, a quién le puedo contar…
Todos sueltan la mano tarde o temprano, Dios no se entretiene ya con mis monólogos.
Se acaban los consuelos y las concesiones: pronto este desierto se me secará los huesos.
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