No yo
Ese cuerpo que no soy
Esa voz que no tengo
Esas palabras que no sé decir
Ese abrazo que no nace
Ese miedo a la piel
No soy yo, nadie soy yo
Qué poca poesía mis minutos,
mis horas, mis hábitos de cadáver
Qué imbécil insatisfacción la mía
Qué angustia de pecera, de montaña rusa sin prisa
Qué imbécil primera persona
Siempre mi yo mío
Chupándome la punta de los dedos del pie
Testigo forzoso del paso del tiempo,
tímida imitación de un ser vivo.