En la palma de su mano
May the road rise up to meet you.
May the wind always be at your back.
May the sun shine warm upon your face,
and rains fall soft upon your fields.
And until we meet again,
May God hold you in the palm of His hand.
{no es otra cosa Dios que esa experiencia de estar en la palma de su mano, con la misma confianza de un bebé en brazos de su mamá. Sólo me interesa la religion para recordar –al menos cada tanto- que la vida es algo bueno (pero es mejor si es vida en abundancia), que hay pecados pero no culpas y nada puede estar mal, mientras los lirios sigan confirmando, un día tras otro, que existe un lugar –siempre incierto- donde apoyar la cabeza}
Antes del avión
Ahora, con los pies acá y la cabeza en ningún lado, no puedo decir nada. No tengo derecho a lamentarme, tampoco me atrevo a celebrar. Ahora, con los pies acá y el pasaje en un sobre en mi cuarto, de pronto dudo. El horizonte se me viene encima, casi parece que va a caer sobre mí y aplastarme; hay que reemplazarlo por otro horizonte. No existen los cambios radicales, las revoluciones fracasan, ya sé. ¿Un viaje es un cambio radical? ¿O es un paréntesis nomás? ¿Ahora es cuando me despierto? ¿Todavía no? ¿Qué…nunca?
La erosión de una personalidad es lenta pero persistente, uno tolera y tolera, se humilla y se humilla, se calla y se calla, aguanta y aguanta… Después empieza a devolver todo ese veneno, y cuando vuelve a recibirlo, el círculo se ha cerrado perfectamente y el niño interior, antes agonizante, se ha convertido ya en un viejo quejoso, encorvado y horrible.
No sé si un viaje es un cambio o un paréntesis, pero al menos tiene que ser oxígeno. Si lo pienso un segundo, allá nadie conoce mis máscaras.
Después de Beckett, un poco de Martí
LUZ DE LUNA
Esplendía su rostro; por los hombros
Rubias guedejas le colgaban; era
Una caricia su sonrisa: era
Ciego de nacimiento: parecía
Que veía: tras los párpados callados
Como un lago tranquilo, el alma exenta
Del horror que en el mundo ven los ojos,
Sus apacibles aguas deslizaba:—
Tras los párpados blancos se veían
Aves de plata, estrellas voladoras,
En unas grutas pálidas los besos
Risueños disputándose la entrada,
Y en el dorso de cisnes navegando
Del cielo fiel los pensamientos puros.
Como una rama en flor, al sosegado
Río silvestre que hacia el mar camina,
Una afable mujer se asomó al ciego:
Tembló, encendióse, se cubrió de rosas,
Y las pálidas manos del amante
Besó cien veces, y llenó con ellas:—
En la misma guirnalda entrelazados
Pasan los dos la generosa vida:
Tan grandes son las flores que a su sombra
Suelen dormir la prolongada siesta.
Cual quien enfrena a un potro que husmeando
Campo y batalla, en el portal sujeto
Mira, como quien muerde, al amo duro,—
Así, rebelde a veces, tras sus ojos
El pobre ciego el alma sujetaba:—
—Oh, si vieras!—los necios le decían
Que no han visto en sus almas–oh!, si vieras
Cuando sobre los trigos requemados,
Su ejército de rayos el sol lanza:
Cómo chispean, cómo relucen, cómo,
Asta al aire, el hinchado campamento
Los cascos mueve y el plumón lustrosos!
Si vieras cómo el mar, roto y negruzco
Vuelca al barco infeliz, y encumbra al fuerte;
Si vieses, infeliz, cómo la Tierra
Cuando la Luna llena la ilumina,
Desposada parece que en los aires
Buscando va, con planta perezosa,
La casa florecida de su amado!
—Ha de ser, ha de ser como quien toca
La cabeza de un niño!—
—Calla, ciego:
Es como asir en una flor la vida!
De súbito vio el ciego: esta que esplende,
Dijéronle, es la luna: mira, mira
Qué mar de luz: Abismos, ruinas, cuevas,
Todo por ella casto y blando luce
Como de noche el pecho de las tórtolas!
—Nada más?—dijo el ciego, y retornando
A su amada celosa los ya abiertos
Ojos, besole las manos trémulas
Humildemente, y dijole:
No es nueva,
Para el que sabe amar, la luz de luna.
José Martí