Temores
Temo mi propia mediocridad
mi palabrerío retenido
mi cabeza atiborrada de impotencias
mi cuerpo envejecido
mirar alrededor y querer ser todo lo que no soy
(es que no soy nadie)
Tan fácil decir: “Pero yo en realidad…”
y no demostrarlo.
A nadie necesito demostrar que estoy vivo.
Deciden ignorarlo
o creerlo sin pruebas.
Objeto de las circunstancias.
Pieza del sistema.
Animal sin deseo.
Muerto moroso.
Tanto miedo a todo
menos a tu beso.
¿Qué ves en mis ojos,
además de tu reflejo?
¿Por qué decís que soy único?
Te juro que no fue mi intención.
Dejame que te siga prometiendo que esto es provisorio. Algún día tendré 30 años y entonces me obligarás a confesar: cada vez que pensé que ya no sabía crecer, volví a aprenderlo en tu mirada irrefutable.