Para Olga también son perras
En el final era el verbo
Como si fueran sombras de sombras que se alejan las palabras,
humaredas errantes exhaladas por la boca del viento,
así se me dispersan, se me pierden de vista contra las puertas del silencio.
Son menos que las últimas borras de un color, que un suspiro en la hierba;
fantasmas que ni siquiera se asemejan al reflejo que fueron.
Entonces ¿no habrá nada que se mantenga en su lugar,
nada que se confunda con su nombre desde la piel hasta los huesos?
Y yo que me cobijaba en las palabras como en los pliegues de la revelación
o que fundaba mundos de visiones sin fondo
para sustituir los jardines del edén sobre las piedras del vocablo.
¿Y no he intentado acaso pronunciar hacia atrás todos los alfabetos de la muerte?
¿No era ese tu triunfo en las tinieblas, poesía?
Cada palabra a imagen de otra luz, a semejanza de otro abismo,
cada una con su cortejo de constelaciones, con su nido de víboras,
pero dispuesta a tejer y a destejer desde su propio costado el universo
y a prescindir de mí hasta el último nudo.
Extensiones sin límites plegadas bajo el signo de un ala,
urdimbres como andrajos para dejar pasar el soplo alucinante de los dioses,
reversos donde el misterio se desnuda,
donde arroja uno a uno los sucesivos velos, los sucesivos nombres,
sin alcanzar jamás el corazón cerrado de la rosa.
Yo velaba incrustada en el ardiente hielo, en la hoguera escarchada,
traduciendo relámpagos, desenhebrando dinastías de voces,
bajo un código tan indescifrable como el de las estrellas o el de las hormigas.
Miraba las palabras al trasluz.
Veía desfilar sus oscuras progenies hasta el final del verbo.
Quería descubrir a Dios por transparencia.
Olga Orozco
Kairótico
Cabías entre mis brazos
–tan frágil–
Bautizado en tus lágrimas hablé con el cielo
Y te bendijo con las mías
Juré amar el tiempo,
el poco tiempo que tengo
No necesitabas pedirme nada
Mis ojos vacíos oyeron tu respiración, era de noche
Mi desierto fue tu abrazo
–tan eterno–
Te prometo, hoy, que esto que ves es perecedero
Yo soy ese que abrazaste en la oscuridad
Y con los retazos de mi mismo que guardé
voy a enhebrar un corazón que no olvide
Siempre se vuelve a Woyzeck
(CALLE)
María delante de la puerta con unas niñas. Una vieja. Woyzeck.
NIÑAS.– En Candelarias brilla el Sol,
y las mieses prosperan.
salieron en parejas,
delante los flautistas,
después los violinistas,
con medias rojas iban…
PRIMERA NIÑA.– ¡Eso no es lindo!
SEGUNDA NIÑA.– ¡Siempre quieres otra cosa!
PRIMERA NIÑA.– María, ¡cántanos algo!
MARÍA.– No puedo.
PRIMERA NIÑA.– ¿Por qué?
MARÍA.– Por eso.
SEGUNDA NIÑA.– ¿Pero por qué por eso?
TERCERA NIÑA.– Abuelita, ¡cuéntanos un cuento!
ABUELA.– ¡Vengan, pilluelas! “Había una vez un niño pobre y no tenía padre y no tenía madre, y todo estaba muerto y no había nadie en el mundo. Todo estaba muerto y entonces fue y buscó día y noche. Y porque no había nadie en la Tierra, quiso ir al Cielo. Y la Luna lo miraba con tanto cariño. Y cuando finalmente llegó a la Luna, ésta no era mas que un pedazo de madera podrida. Y entonces fue al Sol. Y cuando llegó al Sol, éste no era más que un girasol marchito. Y cuando llegó a las estrellas, no eran más que pequeños mosquitos dorados que estaban pegados allí, así como la urraca los pone sobre las acacias. Y cuando quiso volver a la Tierra, la Tierra era un jarrón volcado. Y el niño estaba muy solo, y se sentó y lloró, y todavía esta sentado allí y está muy muy solo.”
WOYZECK.– ¡María!
MARÍA (se estremece).– ¿Qué pasa?
WOYZECK.– Vámonos, María. Ya es tiempo.
MARÍA.– ¿Adónde?
WOYZECK.– ¿Acaso lo sé yo?
(Escena de Woyzeck, de Georg Büchner)
Estrategias de marketing
Sabrá disculpar el lector –yo, y quizás algún ocasional náufrago– la profusión de etiquetas en la entrada anterior. Y habrá notado el lector (tan piola él, tan tan piola) que las mismas fueron diseñadas con el expreso y semiexclusivo propósito de atraer más náufragos ávidos de aquello que la Interné mejor sabe proveer.
Si resulta exitoso el experimento, trataré de encontrar alguna línea de Paul Auster sobre Britney Spears o de Harold Pinter sobre Victoria Beckham, o en todo caso las inventaré.
Pero el poema de Girondo merecía repetirse una vez más.
Este post me hace acordar a un amigo que siempre me dice que vivo pidiendo perdón y dando las gracias, ofreciendo explicaciones, etc. etc. ¿Será mi educación religiosa, alguna culpa ineludible, o simplemente mi necesidad de ser lo menos molesto posible en este mundo de por sí insoportable y precioso?
Sigo preguntándome, igual, para qué este soliloquio.
Girondo XXX
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.
Oliverio Girondo
Espantapájaros, 12
Viajar
Si alguna vez me subo a un avión (pero yo no quiero escaparme de nada, eh) quiero dejar acá: mis camisas planchadas, los adóndevascuándovolvéshacefríonovuelvastarde, mi inercia, mi confianza en cada esquina, cada edificio conocido y jamás visitado, cada estación de subte. Quiero olvidarme de llevar algunos disfraces, inventarme algunos nuevos. Si alguna vez me voy, quiero volver habiendo pagado cada una de las angustias que haya que pagar, y traerme de regalo las alas del avión, la furia de sus turbinas.
Oración para después de la hora del almuerzo
Dame, sol, tu capacidad de acariciar el pasto, la madera, el cemento, las lágrimas y los labios endulzados por un beso. Tus ganas de seguir todos los días, como Sísifo, repitiendo un movimiento sin que nadie te lo mande ni lo reclame. Dame un poco de esa confianza en la vida, de esa indiferencia por las caras, las circunstancias, los dóndes.
Y regalame, hoy a la tarde, el sueño en los poros, el susurro de alguna hormiga en la nuca que me confiese su resignación. Regalame que me levante del suelo con el suéter lleno de pasto y me lleve conmigo los sueños que corresponde soñar despierto.
Regalame tu entusiasmo cuando la pantalla se niegue a devolverme mi cara viva, por la ventana infiltrate junto con algún caño de escape o alguna bocina, recordame que aunque esta silla mía lo desmienta, afuera todo es movimiento.
Mirtha Legrand x Sor Juana
Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
Sor Juana Inés de la Cruz, Soneto 145
La obra de arte en la era de la banalidad tétrica
No les permito que digan que el arte es esto: un privilegio económico, un accesorio, un objeto de consumo. Me indigna que sean especialistas en la sorpresa fácil, la provocación obvia. Me pregunto dónde está el dolor, dónde la verdad, dónde el encuentro con la propia vida a través de la obra. Rechazo tanta limpieza, tanto olor a plástico y conversaciones en inglés. Toda esa autocomplacencia, esa solemne convicción de entender y decidir qué es vanguardia; en el fondo: de poder pagar cada tanto un viajecito a Nueva York, París, Berlín o Barcelona, y volver para copiar todo lo más parecidito posible.
¿Algún día nosotros, criaturas del siglo XXI, empezaremos a ser hombres en serio, desanestesiaremos los sentidos, recordaremos lo que es tener un alma? ¿Transformaremos este mundo imbécil en algo digno de interpelar a los otros, construiremos humanidad? ¿O seguiremos esperando a que algún psicópata poderoso entierre el mundo mientras los himnos enmudecen las bombas y los protones estallan con toda la furia reprimida de esta especie impotente?
Máscaras
El primer hijo, el obediente, el buen alumno, el nieto mayor, el traga, el intelectual, el buen periodista, el novio de siempre, el hermano mayor, el primer promedio, el último en entrar al subte, el mal periodista, el primo antipático, el empleado tímido, el compañero divertido, el compañero aburrido, el amigo indiferente, el amigo que siempre escucha y nunca habla, el cordial y educado y formal, el zaparrastroso, el que no tiene futuro, el que tiene un gran futuro, el talentoso, el inteligente pero inútil, el sobrino promesa, el actor que no se anima, el escritor que no tiene paciencia, el lector de comics, el fanático de las telenovelas, el que nunca se enoja, el bipolar, el adolescente misionero, el joven cínico que se ríe de todo, el pesimista, el siempre sonriente, el que no sabe cantar, el que se ríe fuerte, el delicado, el admirado, el olvidado, el de incómoda compañía por sus incómodos silencios, el simpático y sencillo, el profesor ordenado, el alumno del fondo, el pasante que no es lo que prometía, el católico, el ateo, el que se pone en el lugar del otro, el egoísta, el generoso, el siempre inseguro e inconforme,
el que detrás de tantas capas superpuestas teme encontrar sólo silencio en una tierra muerta.