Mandatos
Una casa propia, un auto propio, una mujer propia, unos hijos propios, un laburo que permita apropiarse (de todo menos de vos mismo), una personalidad que disfrute apropiarse, unas vacaciones (cortas) propias de un propietario en lugares propiamente diferentes cada año, una actuación apropiada a tus propios títulos, hábitos y, sobre todo, a las miradas propias de todos los que no son vos, una computadora propia para escribir palabras ajenas y ver fotos, videos, gemidos inapropiados; el propio tiempo regalado a cualquier causa propia de otros mundos, de otras razas sin alma, pre o post humanas, robots propiedad de un cerebro arquitecto de un infierno para unos pocos y un limbo para los demás, un infierno de propiedades privadas y deseos inconfesables.
Desfasajes
Un aliento dulce detenido en la ventana,
un cielo demasiado alto
o unos pies tan enterrados
-
Preciosas catástrofes en espiral
lloran la precariedad de nada
o de una sonrisa
-
Un truco de la fatalidad,
máscaras para que se disfrace el día
y parezca vivo
-
Pero no olvides
guardar los espejos bajo la arena
hasta que tu cara incendie el sol
y el mar se canse de volver
Hacia adelante
No existan las preguntas prohibidas
ni escalones para resbalar
y quebrar la nuca en mil cristales sangrientos
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No sea nunca suficiente
No alcance
No duerma
-
Y respire savia oxígeno maná luz
Y mastique viento tierra pan pulpa canela
Sin relojes
Sin apuro por reventar los ojos
con sobredosis de mundo
-
No se encierre
ese pequeño silencio puro terror
en la invocación sorda de vos,
de ese calor que se apagó hace tiempo.
Se pa ra ción
Es cuando quedo mudo en una pesadilla
derrochás tu lengua témpano
no encontrar en mí más que un espejo roto
un silencio posatómico
Calles caminadas porque sí
Una catedral en demolición
un panteón de tumbas saqueadas
(no sé usar las palabras, ya sé
ni siquiera sé dónde buscarlas)
Cómo se toma el subte después?
Cómo se canta una canción triste?
Cómo invento una risa en tu velorio?
Dónde pasa el colectivo al fin del mundo?
La soledad significa algo nuevo cada día
y en mi diccionario no encuentro tu nombre
en cambio tu abrazo está en cada esquina
Poca cosa
De esa manía de impostar la voz que me deja mudo, me seca las palabras y me humedece las ideas antes de dispararlas, de esa manía me quiero curar. Quiero poder decir cualquier cosa con cualquier palabra, que nada tenga que ser perfecto (como si se pudiera), que árbol sea árbol y la tristeza, tristeza.
De las aspiraciones de altas cumbres me quiero olvidar, para poner los ojos a mi altura de hombre. Por soñar grandes batallas no quiero despreciar una pulseada sin gloria: mejor un paso hacia cualquier lado que contemplar los caminos desde una bicicleta sin ruedas.
Entre el sopor cotidiano quiero hacer un silencio religioso. Sentarme sobre los hombros de un ángel extraviado, meditar un parpadeo hasta que se me muera el alma en los ojos.
Contra la adicción a un ego de cartón quiero vacunarme inyectando sudor en las venas. Vivir del trabajo y los sueños y la música y la cama. Respirar la dignidad de un oxígeno arrebatado al cáncer que convierte a un dios en un poco de polvo ansioso por morir, empecinado en escapar.
Hominis dignitate, según Pico
No te he dado rostro, ni lugar alguno que sea propiamente tuyo, ni tampoco ningún don que te sea particular, ¡oh Adán!, con el fin de que tu rostro, tu lugar y tus dones seas tú quien los desee, los conquiste y de ese modo los poseas por ti mismo. La Naturaleza encierra a otras especies dentro de unas leyes por mí establecidas. Pero tú, a quien nada limita, por tu propio arbitrio, entre cuyas manos yo te entregado, te defines a ti mismo. Te coloqué en medio del mundo para que pudieras contemplar mejor lo que el mundo contiene. No te he hecho ni celeste, ni terrestre, ni mortal, ni inmortal, a fin de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen pintor o de un hábil escultor, remates tu propia forma.
Pico de la Mirandola
Oratio de hominis dignitate
Citado por Marguerite Yourcenar en Opus nigrum.
Cuento con D
Enredado lo dado, deformado, dúctil: decididamente descabellado. Dolores Dorotea dormía dulcemente debajo del dragón damnificado durante decenios.
Determinante. Distancia duplicada dramáticamente desde Dublín, ¿dónde?
Dice dónde, demoró, demoró días y duraznos de diacrónicas diatribas.
Dosis duramente dosificadas develando diestras dactilografías de dedos drenados.
Diáfanos damascos en damas domesticadas por un dramaturgo débil, deambulando dócilmente por los duraznales. Con destreza destrozó dedicadamente, dedal por dedal, su delantal. Dramático.
Dolores Dorotea decoró su dogma despilfarrando decibeles. Delineando su destino, se dirigió a Dinamarca. “¡Daniel, Daniel, mi duque durmiente!”. Daniel dominó al dragón y al delfín en una diminuta danza y se deleitó debiendo deglutir dátiles de dromedario.
Dignificó su ducado derrochando dólares a los duendes dorados. Distinguió a Dolores Dorotea con delicadezas, la desvistió y se durmieron. Divertido.
Ding dong, donó la Duma. Debate: ¿Ding o dong? Don Drago y su doctrina destruyeron Dinamarca. Daneses desdichados derramaron dígitos diagramables. Dicotomía: dualismo o dialéctica. Distorsionados los duendes, detestaron al duque y lo descuartizaron. Desastre.
Daniel durmió deshecho y Dolores Dorotea despotricaba. “¡Devuelvan a Daniel! ¡Devuélvanmelo! ¡Es mi duque descuajeringado!”. Desolada, Dolores Dorotea se desbarrancó desde un dique. Doloroso desenlace.
Duendes delincuentes devoraron al dragón y dominaron Dinamarca. Dentro del ducado se duplicaron los delfines díscolos. El dinosaurio Donatello decodificó la dramaturgia y desencadenó la diálisis doméstica. Dolores Dorotea y Daniel despertaron. Donde duermen dos, duermen doce: decenas de duendes derribando a Donatello, el dino.
Dunas decorosas deslizándose dentro de Donatello. Descomposición de lo dado y de los dedos. Daniel domó a Donatello y Dolores Dorotea lo desheredó. Dólares despreciados, desperfectos. Deshabilitados, detuvieron la decadencia. Dos décadas de desinfección.
Escrito a cuatro manos con D. (como no podía ser de otra manera), hace mucho tiempo
Nervios urbanos
No hago pie
No hay camino fácil
Hoy sé que un tren podría atropellarme y los pasajeros seguirían leyendo el diario
Cállenlos a todos
No puedo escuchar ni una palabra más
No me interesa lo que decís
No te das cuenta de que no me interesa?
Ese sonido enfermo que es el lenguaje
Tu vómito narcisista
Cómo molesta
Te arrancaría la lengua con las uñas
Callate, callate ya
Dame paz, sol
Lluvia, lavame los ojos
Cámbienme el nombre, la cara, la manera de caminar
Quiero ser un robot o un muerto
Viernes a la noche
Lo que llamabas felicidad
era una coreografía de costumbres memorizadas.
No era ese su nombre,
sólo después la bautizaste “felicidad”.
Inútil el despecho, la bronca, las preguntas…
Lo que llamabas amor
era sexo disfrazado con caricias,
era el hábito de una conversación cómoda,
dos pares de ojos que ya sabían mirarse.
Lo que llamabas angustia
era el preludio de una muerte por asfixia,
un cielo de piedras negras aplastándote el cráneo.
Era un juego distraído, una pretensión adolescente.
Lo que llamabas fe
era un intento de callar el silencio,
de aplaudir la nada que sos.
Era una excusa para tu terror,
el amparo de una cobardía borracha.
En el mismo salto
con el que abraces la oscuridad
podés encontrar la luz que sólo ven los otros.
Ciego ante tu espejo sucio,
dibujate una sonrisa con el filo de la ventana.
Balbuceá una carcajada de loco o de imbécil,
atá tus manos a la gárgola de tu cuello,
corré descalzo sobre los clavos del prójimo
y escupí en la otra mejilla.
Lo que llamabas futuro
era un cuento mal contado,
era la promesa de tu verdugo,
era un delirio de tu ego impotente.
A partir de Alejandra
Siniestro delirio amar a una sombra
Escribieron
Siniestra tortura encadenar los párpados a una aparición fraudulenta
Siniestro flagelo esta carne quemada en tu desprecio
Siniestra risa la de tu narcisismo de hiena
Siniestro pánico de abrazar un cadáver
Siniestro amor adicto que se entrega a un extraño
Siniestro sometimiento a los caprichos de un loco
Siniestro puñal de hielo atravesado en la garganta
Siniestro suspiro de una enferma satisfacción pueril
Siniestra tragedia sin final ni principio
Siniestras palabras que no cubren esta ausencia.